Terapias - Ceres Psicologia
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TERAPIAS

El tipo de psicoterapia llevado a cabo en CERES por sus efectos sobre la personalidad es una vertiente cruzada entre varias áreas de conocimiento terapéuticas de largo recorrido y que se realizarán en función de las características de cada persona y su necesidad de autoconocimiento. Favorecer el cambio psíquico y sobre todo estable a lo largo del tiempo es la idea central, no quedándonos en la resolución del síntoma.

En CERES se pueden llevar a cabo diferentes modalidades de terapia adaptadas a cada persona en particular, la terapia de elección está en función de la necesidad de profundización y la necesidad de cambio:

Psicoterapia de larga duración

Psicoterapia de trastornos graves

Psicoterapia focal
y breve

Terapia de apoyo

Terapia online

Niños

La terapia con un niño debe ser prudente. Un niño que de forma recurrente a lo largo del tiempo siente miedo, o inquietud respecto a estar con otras personas, o sufre terrores nocturnos o rabietas continuas, o agresividad constante, etc, está indicando que no está alcanzado un normal desarrollo psíquico. Todo estos son signos de alarma que están diciendo que algo necesita ser mirado, necesita ser atendido, necesita ser pensado.

Es preciso diferenciar si el síntoma corresponde a una infancia normal o corresponde a una situación problemática que necesita ser tratada para mantener el equilibrio psíquico posterior cuando el niño crezca, como prevención.

Las patologías del adulto se fraguan en la infancia, siendo la mejor prevención el tratamiento en estos momentos en los cuales la personalidad es más permeable, más flexible, en la infancia.

Unas entrevistas iniciales permitirán la recomendación de tratamiento específico para cada niño. En ocasiones es más favorable el trabajo con la pareja de padres, para que los cambios efectuados en esta diada faciliten el cambio posterior en el niño. Un apoyo en este sentido es muy importante, porque no es fácil ser padres.

Niños

La terapia con un niño debe ser prudente. Un niño de entre los 4 a los 12 años que siente miedo recurrente, o inquietud respecto a estar con otras personas, o que sufre terrores nocturnos o rabietas continuas, o agresividad constante, etc, está indicando que no está alcanzado un normal desarrollo psíquico. Todo estos son signos de alarma, que están diciendo que algo necesita ser mirado, necesita ser atendido, necesita ser pensado.

Es preciso diferenciar si el síntoma corresponde a una infancia normal o corresponde a una situación problemática que necesita ser tratada para mantener el equilibrio psíquico posterior cuando el niño crezca.

Las patologías del adulto se fraguan en la infancia, siendo la mejor prevención el tratamiento en los momentos en los cuales la personalidad es más permeable, más flexible, en la infancia.

Unas entrevistas iniciales permitirán la recomendación de tratamiento específico para cada niño. En ocasiones es más favorable el trabajo con la pareja de padres, para que los cambios efectuados en esta diada faciliten el cambio posterior en el niño. Un apoyo en este sentido es muy potente porque no es fácil ser padres

Adolescentes

La adolescencia es una época turbulenta en la cual el niño, sin ser consciente, tiene que enfrentarse a situaciones de adulto para las cuales no tiene recursos psíquicos. Ha de atravesar situaciones muy complejas para su mente inmadura, y hacer varios duelos, debe asumir que su cuerpo ya no es el que era, ahora es muy diferente, empieza a ver a sus padres de forma diferente, ya no les mira como un niño, y ha de deshacerse de la identidad infantil para construir una identidad madura adaptable al mundo sobre la que no tiene idea alguna. Cuestiones todas ellas suficientemente confusas

Los malos resultados académicos pueden ser tan solo un síntoma de que existen otros problemas emocionales o relacionales bajo ellos. Aunque los padres deban preocuparse por el rendimiento escolar, lo más importante es entender qué es lo que está sucediendo emocionalmente al hijo, qué dificultades emocionales pueden estar promoviendo ese fracaso escolar, enfocar las verdaderas dificultades para deshacerlas y que mejore el rendimiento académico.

El adolescente normal es actuador, actúa impulsivamente antes de pensar. Esto es natural, pero hay que acompañarle para que pueda convertir sus emociones en palabras y poder reflexionar, en lugar de convertir la emoción en acto impulsivo.

Adultos

Uno suele adaptarse a sí mismo, tendiendo a distanciar de la conciencia aquellos aspectos que son conflictivos o que son difícilmente aceptables y que producen sufrimiento. Es normal intentar eliminarlos de la conciencia para no sufrir, pero realmente no desaparecen, tan solo se desplazan hacia otro lugar en la mente y siguen activos provocando el sufrimiento de una forma u otra. Enfrentarse a una terapia es un paso difícil y desencadenamos todas las resistencias posibles que al final evitan la salud mental y mantienen el sufrimiento, cuando realmente el pensarlos es el camino para su disolución.

Los conflictos adoptan diferentes formas externas o clínicas, es decir en forma de signos observables. Se muestran en forma de síntomas o trastornos que realmente pueden ser trabajados en terapia como por ejemplo:

  • Trastornos de ansiedad, estrés, inquietudes
  • Trastornos por depresión, duelos, angustias depresivas
  • Pensamientos obsesivos, recurrentes, exigentes, perfeccionistas
  • Miedos, fobias, evitaciones, aislamientos
  • Dificultades laborales, dificultades para estar cómodos en el entorno
  • Problemas para mantener estabilidad con la pareja o dificultad para la separación
  • Generar violencia de género o no poder impedir el recibirla
  • Intento de ocultar el trauma mediante el abuso del alcohol o las drogas
  • Dificultades con la propia sexualidad, para la aceptación o su propio rechazo
  • Etc

Al fin y al cabo son todos ellos mecanismos sintomáticos repetitivos, mecanismos rígidos recurrentes que indican que algo no está funcionando bien, son mecanismos psíquicos enganchados que no se están resolviendo por sí solos, repetición que necesita «un otro ahí fuera» que le oriente sobre dónde mirar en el sí mismo para poder resolverlos, alguien que le ofrezca elementos nuevos para pensar y poder así desenganchar «eso» que se repite y que se ha vuelto patológico.

Adultos

Uno suele adaptarse a sí mismo, tendiendo a distanciar de la conciencia aquellos aspectos que son conflictivos o que son difícilmente aceptables y que producen sufrimiento. Es normal intentar eliminarlos de la conciencia para no sufrir, pero realmente desaparecen, tan solo se desplazan hacia otro lugar en la mente, y siguen activos provocando el sufrimiento. Enfrentarse a una terapia es un paso difícil y desencadenamos todas las resistencias posibles que al final evitan la salud mental y mantienen el sufrimiento.

En muchas ocasiones los sufrimientos son soportados, cuando realmente el pensarlos es el camino para su disolución.

Los conflictos adoptan diferentes formas externas o clínicas, es decir en forma de signos observables. Se muestran en forma de síntomas o trastornos que realmente pueden ser trabajados en terapia como por ejemplo:

  • Trastornos de ansiedad, estrés, inquietudes
  • Trastornos por depresión, duelos, angustias depresivas
  • Pensamientos obsesivos, recurrentes, exigentes, perfeccionistas
  • Miedos, fobias, evitaciones, aislamientos
  • Dificultades laborales, dificultades para estar cómodos en el entorno
  • Problemas para mantener estabilidad con la pareja o dificultad para la separación
  • Generar violencia de género o no poder impedir el recibirla
  • Intento de ocultar el trauma mediante el abuso del alcohol o las drogas
  • Dificultades con la propia sexualidad, para la aceptación o su propio rechazo
  • Etc

Al fin y al cabo son todos ellos mecanismos sintomáticos repetitivos en cualquiera de los planos, mecanismos rígidos recurrentes que indican que algo no está funcionando bien, son mecanismos psíquicos enganchados que no se están resolviendo por sí solos y que se convierten en una repetición constante, repetición que necesita «un otro ahí fuera» que le oriente sobre dónde mirar en el sí mismo para resolverlos, alguien que le ofrezca elementos nuevos para pensar y poder así desenganchar «eso» que se repite y que se ha vuelto patológico.

Parejas

En un primer momento es preciso diferenciar cuando los problemas son de la pareja o cuando pertenecen a dificultades personales de uno u otro miembro individualmente. Una vez recomendada la intervención común va a realizarse un análisis, sesión tras sesión de los mecanismos instaurados en la pareja por parte de ambos, aquellos mecanismos que están sosteniendo la problemática común.

El objetivo de la terapia es desbloquear las situaciones que se repiten, fomentar un cambio en algún sentido focalizando sobre los conflictos comunes. Poder mostrar ante un tercero las dinámicas internas facilitará una mejor visualización del problema y sus posibilidades o imposibilidades de cambio.

La observación de los movimientos internos de la relación y su devolución a la pareja por parte del psicoterapeuta hará tomar conciencia de los mecanismos que están promoviendo el malestar común.

Personas mayores

Personas mayores que han asumido los sufrimientos de sus vidas, y por ello con gran resistencia para acercarse a la psicología. En especial esta sección para los cuidadores de personas dependientes, que cuidan a personas enfermas con fuerte demanda de atención y cuidado.

Ante el cuidado constante de un familiar enfermo emergen multitud de emociones difíciles de tramitar, aceptar o digerir, que tienden a ser apartadas lo máximo posible de la conciencia para lograr un equilibrio adaptativo que permita seguir cuidando, pero de forma paralela desborda el sentimiento de culpa.

Son patrones psíquicos no elaborados que mantienen un sufrimiento permanente ante la situación de cuidado.

Y más en concreto, hablamos de personas que cuidan a familiares con enfermedad grave, entre las cuales aparecen la enfermedad de Alzheimer
y otras demencias, otras patologías neurológicas o cáncer, situaciones que requieren la elaboración de un duelo anticipado que no correspondería con la edad de la persona enferma.

Pero en general se vuelve muy satisfactorio y tranquilizador poder hacer cambios psíquicos en edades avanzadas, tan solo por la libertad que genera u proceso de terapia.

Es preciso atender la inevitable inquietud que emerge en esta etapa respecto a la muerte, lo sensible del asunto hace necesaria una delicada atención.

Personas mayores

Personas mayores que han asumido los sufrimientos de sus vidas, y por ello con gran resistencia para acercarse a la psicología. En especial esta sección para los cuidadores de personas dependientes, que cuidan a personas enfermas con fuerte demanda de atención y cuidado.

Ante el cuidado constante de un familiar enfermo emergen multitud de emociones difíciles de tramitar, aceptar o digerir, que tienden a ser apartadas lo máximo posible de la conciencia para lograr un equilibrio adaptativo que permita seguir cuidando, pero de forma paralela desborda el sentimiento de culpa.

Son patrones psíquicos no elaborados que mantienen un sufrimiento permanente ante la situación de cuidado.

Y más en concreto, hablamos de personas que cuidan a familiares con enfermedad grave, entre las cuales aparecen la enfermedad de Alzheimer
y otras demencias, otras patologías neurológicas o cáncer, situaciones que requieren la elaboración de un duelo anticipado que no correspondería con la edad de la persona enferma.

Pero en general se vuelve muy satisfactorio y tranquilizador poder hacer cambios psíquicos en edades avanzadas, tan solo por la libertad que genera u proceso de terapia.

Es preciso atender la inevitable inquietud que emerge en esta etapa respecto a la muerte, lo sensible del asunto hace necesaria una delicada atención.

“una disciplina que cambia el pasado mental del paciente, con ello determina
los cambios en los modos de relación en el presente y por ende las que se darán en el futuro”


J.L.L